La ilusión y las ganas no fueron suficientes para que el Equipo Internacional consiguiera su primera victoria en suelo estadounidense en la Presidents Cup. Los jugadores locales, encabezados por Brendt Snedeker, salieron el domingo a arrasar con los sueños internacionales y ganaron nueve de los doce enfrentamientos individuales para retener el título de una competencia que le sigue siendo esquiva al equipo del ‘Escudo’.

El resultado del sábado, que le daba al equipo capitaneado por Geoff Ogilvy una ventaja de tres puntos, hacía soñar a los fanáticos de los internacionales con el milagro, sin embargo, las matemáticas y los cálculos no salieron como se esperaban, algunos duelos en donde se esperaba la victoria no se presentaron tan sencillos como se suponía y sorpresas como las del joven Jackson Koivun derrotando a Si Woo Kim marcaron la estocada final de un equipo que lució mucho más cohesionado que los estadounidenses a lo largo de las primeras tres jornadas.

Al final, los estadounidenses ganaron en su territorio y no solo me refiero a que lo hicieron jugando en casa, frente a un público hostil hacia el Equipo Internacional, me refiero a que lo hicieron jugando de manera individual, como mejor les van las cosas a esos doce jugadores que no parecían encontrar el camino hasta el último día, donde desplegaron su golf al más alto nivel, tal como lo hizo Scottie Scheffler frente a Nico Echavarría, quien lo llevó hasta el hoyo 17 del recorrido de Medinah Country Club, sin lograr quebrar al número uno del mundo, que falló muy poco.

El trabajo del Equipo Internacional no pudo haberse hecho de otra manera, cenas, reuniones, un grupo bien formado que no pudo asestar el golpe cuando parecía tener todo servido. ¿Estrategia? ¿Temor? ¿Falta de sentimiento? Nada de eso, en esta ocasión fue el golf, con sus errores comunes de centímetros, de milímetros, en muchas ocasiones, el que se podría decir que impidió la victoria y ahí, no hay cálculo que pueda contrarrestar los hechos.

Al final, en Medinah se cerró una nueva victoria del equipo estadounidense, con un capitán que agradeció al presidente de Estados Unidos y se sacó el peso de toda una semana complicada, sin darse mayor mérito. Jugadores entre los diez mejores del planeta que en el momento justo sacaron su mejor golf y un público que festejó un triunfo que antes del inicio del domingo lucía mucho más complicado de lo que fue.

La Presidents Cup se mantiene como una competencia de superioridad casi absoluta para el equipo estadounidense y el Equipo Internacional debe seguir trabajando de la forma en la que lo viene haciendo para revertir ese historial negativo, pues jugadores con cabeza y corazón tiene de sobra, si no, que le pregunten a Tom Kim, que no perdió ninguno de sus duelos.

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